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SI NO PUEDEN AMARME, ME TEMERÁN: LOS MONSTRUOS COMO REFLEJO DE LA SOCIEDAD

  • Foto del escritor: manyu
    manyu
  • 18 oct 2024
  • 4 Min. de lectura

Paisajes sombríos, bosques tenebrosos, castillos medievales, criptas y pasadizos secretos poblados de fantasmas anuncian la llegada de un movimiento rebelde. 

El gótico literario aparece a fines del siglo 18 como respuesta a quienes consideraban que el ser humano sería capaz de llegar a la verdad y la felicidad solo mediante la razón. Para rebelarse contra esa filosofía de vida, nacieron la novela gótica y su hermano menor el romanticismo. Se despierta el entusiasmo por lo medieval y una añoranza generalizada por tiempos pasados, donde no reinaban las máquinas ni la contaminación de la Revolución Industrial, sino la naturaleza salvaje que rodeaba las ruinas de los castillos medievales. aquí los humanos se dejaban llevar por su faceta más espiritual, aceptando su propia incertidumbre y angustia existencial como aquello que los vuelve humanos.




“Frankenstein”, es un clásico de la literatura que pertenece a la narrativa o ficción gótica. Este es un género literario originado en Inglaterra a finales del siglo XVIII que combina la ficción y el horror, la muerte y, en ocasiones, el romance. Desde su publicación en 1818, la obra ha sido sometida a diversas relecturas y adaptaciones. Más allá de las diferencias que existen entre ellas hay dos ejes centrales que se exploran en todas sus versiones: 

  • los peligros de los avances científicos y el temor que provocan en la sociedad 

  • la monstruosidad como consecuencia de la exclusión social


SOBRE LA OBRA ORIGINAL


La autora es Mary Shelley, quien narra la historia de Víctor Frankenstein, un científico que se obsesiona con crear vida. Cuando finalmente lo logra, Víctor aborrece y rechaza a la horrible criatura (ni siquiera le otorga un nombre). El monstruo enojado con su triste realidad, decide vengarse con su creador por traerlo a un mundo en el que todos lo desprecian. Más de una vez intentó socializar y acercarse a la gente muy sigilosamente, sin embargo, al ver su aspecto las personas huyen del espanto. En una ocasión le implora a su creador que le provea de una compañera, alguien que lo pueda comprender, pero Víctor se niega temeroso de que se potencien para hacer el mal.


–Estas equivocado –replicó el monstruo–. Pero en vez de amenazarte, prefiero razonar contigo. Soy malvado porque soy desdichado. ¿Acaso no me rechaza toda la humanidad? Tú, mi creador, deseas destruirme y, de este modo, vencer. Pero dime ¿por qué debo ser misericordioso para con los demás si ellos se muestran tan implacables conmigo? A tu entender, no sería un crimen arrojarme a un abismo para destruir este cuerpo que construiste con tus propias manos. ¿Por qué debo respetar al ser humano cuando éste alberga tales deseos? Si quisiera compartir su vida conmigo, nunca le haría daño, al contrario, más bien lloraría de gratitud si me aceptara. Pero eso es imposible. Los sentimientos de los humanos se levantan como un muro e impiden este acuerdo. Pero no seré sumiso como un esclavo. Vengaré todo el mal que me han causado. Si no pueden amarme, me temerán; y serás tú, mi mayor enemigo, quien lo sentirá con mayor fuerza. Te juro que pisotearé siempre tu nombre. ¡Cuidado! Te destruiré y no me consideraré satisfecho hasta que tu corazón se hunda en la desolación, hasta que te oiga maldecir el día en que naciste.


La obra de Shelley trata sobre la responsabilidad del creador y el abandono de su criatura. Fue escrita durante la Ilustración, un período en que triunfó la razón y había una absoluta fe en la ciencia y el progreso. Hubieron grandes avances en el pensamiento racional, las matemáticas y se empezó a consolidar la revolución científica. La Revolución Industrial, con sus máquinas y sus fábricas, El Universo, antes controlado por fuerzas divinas, estaba regido por leyes naturales. El monstruo representa el miedo de la sociedad hacía los avances científicos que se daban en la época. La autora advierte sobre los peligros de la ambición descontrolada y la falta de consideración ética en la investigación científica. El monstruo genera mucho daño porque lo han abandonado en un mundo completamente hostil. 



FRANKESTEIN EN EL CINE


1931 fue un año crucial para el género de terror gracias a dos grandes estrenos. En primer lugar, Drácula, de Tod Browning, un film que tuvo muchísimo éxito, y en segundo lugar, el inolvidable Frankenstein, de James Whale. Frankenstein transcurre en escenarios muy teatrales, retorcidos y de gran profundidad, inspirados en el expresionismo alemán. Whale también cambia un detalle de la obra original que se volvió parte del imaginario colectivo: Frankenstein nace en un laboratorio en medio de una terrible tormenta. Si bien esta adaptación se aleja de muchas de las ideas de la obra original de Mary Shelley, sobre todo en cuanto a lo emocional y sus reflexiones, su mayor aporte es la creación visual del monstruo. De este film surge esta criatura alta y torpe, con frente plana, cicatrices y tornillos en el cuello que todos conocemos.




Una de las lecturas más interesantes de esta adaptación podría ser el rechazo a la otredad, a aquello que es distinto y que nos resulta incomprensible. Esta otredad puede ser, sobre todo, social, cultural o racial. Recordemos que la figura del monstruo también se construye como una especie de advertencia que nos delimita quiénes debemos ser para ser aceptados socialmente. Tanto la novela como la película sugieren que los 'monstruos' no nacen así, sino que se construyen como resultado de la indiferencia o el maltrato. Más allá de la idea que plantea la película, de que Frankenstein posee un cerebro de criminal, podríamos preguntarnos si lo que despierta en él la maldad o la violencia no es que todos le teman por su apariencia, que siendo recién nacido sea golpeado y atacado por el sirviente del doctor Frankenstein, o que sea encerrado y tratado como una bestia.

 “Desde el momento en que me condenaron, el confesor ha insistido y amenazado hasta que casi me ha convencido de que soy el monstruo que dicen que soy.

 



Mary Shelley, desde su posición como mujer escritora en un mundo hostil y patriarcal, nos ofrece una reflexión sobre la desobediencia y la marginalización. En una sociedad que limitaba la voz femenina, ella crea a un monstruo, desafiando lo establecido a través de la escritura y dando vida a una criatura que, al igual que ella, es incomprendida o temida por ser diferente.

Si ser desobediente es considerado monstruosidad, quizá lo más 'cool' sea ser un monstruo.

 


 
 
 

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